¿Por qué lo llaman yoga cuando quieren decir gimnasia?

Últimamente han llegado a mis manos varios artículos, escritos todos ellos por occidentales, donde los autores relatan sus experiencias con la práctica del yoga y donde defienden la necesidad de adaptar el yoga ancestral de India al occidente de hoy en día.

Desde que comencé a practicar yoga, he podido ver como muchos compañeros seleccionaban aquellas partes del yoga que les gustaban y dejaban las que no, como el que elige los ingredientes de un menú y deshecha aquellos sabores que le resultan extraños o desagradables.

Muchos estudiantes de yoga occidentales, ponen como excusa las diferencias entre la tradición cultural de la india y occidente, y se niegan a pasar por el aro de ciertas costumbres ancestrales que les son extrañas, como el canto de mantras, o la meditación, despojando en muchos casos al yoga de todo rastro de espiritualidad.

Es cierto, que muchos elementos de la tradición yóguica nos son ajenos, y por su puesto que las diferencias culturales son grandes, pero no por ello debemos cerrarnos a todo lo que nos sea desconocido.

El yoga es una filosofía milenaria. En la antigüedad los maestros dedicaban toda su vida a experimentar con el cuerpo, practicando distintas posturas y llegando a tener tal dominio de este, que junto con otras prácticas como el pranayama, o la meditación llegaban a su vez a dominar su mente. Muchas veces, en estados de meditación el cuerpo adoptaba automáticamente distintas posiciones, y es así como muchas de las asanas fueron creadas.

Con la práctica de la meditación profunda durante largos periodos de tiempo, llegaron a tener un control total de su mente, sus tendencias y hábitos. De esta forma, pudieron dilucidar cuales eran y son aún los enemigos internos del ser humano. Pronto se dieron cuenta de que el ego, cuando se potencia y se hace con el control de la mente, nos lleva al conflicto y distorsiona la realidad, haciéndonos ver todo desde nuestra perspectiva egoica. Nos lleva a ver al otro como distinto y por tanto como potencial enemigo. El ego nos confunde, y nos impide experimentar la unidad con todo lo que existe. Por tanto, en sus enseñanzas transmitían la importancia de erradicar el ego para poder experimentar la conciencia plena.

Si trasladamos esta enseñanza al día de hoy, a cualquiera de nosotros, practicantes occidentales, muchos nos revolvemos cuando nos sugieren eliminar el ego, porque nos identificamos con él. El ego soy yo, por tanto si mi ego desaparece, lo hago yo también. Como esta idea asusta, prescindimos de ella y nos quedamos con la mera práctica de las posturas, y esto mismo ocurre con multitud de enseñanzas inherentes al yoga.

Muchas veces me da la sensación de que en occidente se practica un yoga un tanto descafeinado. Un yoga desprovisto de cualquier elemento “extraño”, o ajeno a nosotros. Para que no moleste, para que no asuste. Y creo que es una pena, porque si le quitamos a esta enseñanza tan profunda y transformadora, aquellos conceptos o prácticas que nos son extrañas, estamos quitándole su esencia, y estamos privándonos de experimentar una herramienta realmente poderosa.

De esta forma, el yoga acaba siendo una especie de gimnasia donde se trabaja el cuerpo con el único objetivo de mantenernos en forma. Por eso muchas veces me pregunto ¿porqué le llaman yoga cuando quieren decir gimnasia?

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