LA MENTE: DESCUBRIENDO AL TESTIGO

El objetivo final de la práctica del yoga es aquietar la mente. Pero, ¿para qué queremos calmar la mente?, además de para sentirnos más relajados. ¿Por qué es tan importante?

El sabio Patanjali explica en sus yoga sutras que la sensación de unión con el ahora, con el presente eterno, atemporal, no es posible si nos aferramos a las impresiones sensoriales, ni si nos identificamos con cada pensamiento que surca nuestra mente, sino cuando aquietamos nuestra mente. Entonces es cuando se produce la unión entre el ahora y nosotros. Esa unión es la fuente de energía y vitalidad que estamos buscando. El yoga plantea que detrás del velo de nuestra mente pensante y del inconsciente, se encuentra un manantial infinito de energía, de paz, de bondad, inteligencia y felicidad natural. Este manantial es el mar de la conciencia pura del cual surgen todos nuestros pensamientos y sentimientos Esa conciencia es nuestro verdadero ser. Esa conciencia es el testigo.

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Pero normalmente, nuestra atención y nuestra identidad quedan atrapadas en el contenido de nuestra mente cuando esta se halla ocupada con parloteos y estados de ánimo. Al aquietar la mente, dice Patánjali, disminuye esta identificación con su contenido, y entonces reposamos en el testigo. Ser testigo de nuestros pensamientos es distinto a no tenerlos. Puede ser que tengamos muchos, pero no quedamos atrapados por ellos. Con desapego se desvanecen en el trasfondo de nuestra conciencia  y el momento presente pasa al primer plano de nuestra atención. El momento presente. Ahí radica el secreto. Si somos capaces de centrarnos en este instante, sintiendo las sensaciones corporales, notando el aire entrando y saliendo de nuestro cuerpo y viviendo este momento por completo, la mente automáticamente se calmará y la vivencia se hará mucho más intensa. A medida que el tedioso y repetitivo parloteo mental se acalla, porque no le prestamos atención reaccionando, sentimos una amplia quietud interior que nos permite reposar. Así libres de la preocupación mental, podemos estar presentes en la situación que vivimos. Las nubes van y vienen por el cielo todo el día, pero no se nos ocurre identificarnos con ellas. ¡Imagina si lo hiciéramos! Que dolor sentiríamos al verlas disolverse; ocuparíamos nuestra atención en ver cuales son “buenas” y cuales “malas”.

Al igual que las nubes, nuestros pensamientos van y vienen por el cielo de nuestra conciencia. ¿Porqué no podemos estar tan desapegados de los pensamientos que van y vienen por la mente como de las nubes que van y vienen por el cielo? El hecho de que no estemos tan desapegados de nuestros pensamientos como de las nubes se debe a un hábito de percepción. Los yoghis nos dicen: Cambia tu percepción y será libre.

Extraído del libro “¿Qué hay en mi mente?” de Swami Anantananda.

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