Ver la vida de color dorado, rosa o gris: Optimismo, ingenuidad y pesimismo

¿Por que hay personas a las que siempre parece irles todo bien?, todos conocemos a gente que está siempre feliz, y que incluso ante los problemas de la vida se enfrentan a ellos con optimismo y determinación. ¿Es que acaso sus problemas son menos graves que los nuestros?, sin duda esto no es así, lo que diferencia a estas personas es su forma optimista de enfrentarse a la realidad. Su convicción de que todo se va a arreglar, y su manera tranquila y creativa de solucionar los contratiempos, contribuyen sin duda a que los problemas se solucionen antes y de forma menos traumática.

Desde luego que en estos casos podemos aplicar la máxima de que “los pensamientos conforman nuestra realidad”.

Sobre el tema del optimismo habla el investigador de genética celular y budista Matthieu Ricard en su libro “En defensa de la felicidad”. A continuación os dejo un extracto de su libro donde habla sobre el tema.

“Apreciaba tanto la lluvia como el sol. Hasta sus más ínfimos pensamientos tenían un color alegre, como hermosas y lozanas flores que gustan todas” Alain

Una mañana miraba un árbol salpicado de flores rojas y una docena de gorriones. Todo lo que veía, producía en mí un sentimiento de júbilo interior y de percepción de la pureza infinita de los fenómenos. Después imaginé una situación de “fracaso” que suscitó en mí toda clase de sentimientos negativos. De repente, el árbol me pareció polvoriento, las flores descoloridas y el gorjeo de los gorriones irritante. Me pregunté cual era la forma correcta de ver las cosas. La razón que me hizo pensar que la primera era la adecuada es que engendra una actitud abierta, creadora y liberadora, y se traduce en una mayor satisfacción. Esta actitud permite abrazar espontáneamente el universo y a los seres, y abolir toda separación egocéntrica entre uno mismo y el mundo. En cambio, cuando nos atenemos a una percepción “impura” de los fenómenos, hay algo que falla: nos sentimos “desconectados” del universo, que aparece como una imagen turbia, extraña, lejana y artificial.

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Hay numerosas formas de experimentar el mundo. Ver la vida de color dorado es esencialmente darse cuenta de que todos los seres, incluidos nosotros, poseen un extraordinario potencial de transformación interior y de acción. Es abordar el mundo y a los seres con confianza, amplitud de miras y altruismo. Pero eso no significa que haya que ver la vida de color rosa, taparse los ojos ante la realidad ¿Qué sentido tiene engañarse? No se trata de desentenderse de los sufrimientos que afligen a los seres pasando por alto las leyes de causa y efecto que causan esos sufrimientos. El equilibrio consiste en combinar una firme determinación a acudir en su ayuda con una visión amplia que no pierda nunca de vista ese potencial de transformación, ni siquiera cuando el sufrimiento parece omnipresente. Eso nos evita caer en el otro extremo, que consiste en ver la vida de color gris y pensar que está condenada al fracaso y a la desgracia. Ver la vida de color dorado se llama optimismo, una palabra que como la felicidad, a menudo es objeto de burla. Ver la vida de color gris es pesimismo, y verla de color rosa ingenuidad.

Matthieu Ricard “En defensa de la felicidad”

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