EL ZEN DE MANERA SENCILLA

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Oímos mucho hablar del zen o de tener una actitud zen, pero en realidad sabemos muy poco de esta filosofía antigua y práctica a la vez. De entrada el zen tiene difícil definición porque está más allá de las palabras y las ideas. A menudo el zen se sirve de paradojas o frases sin sentido racional para provocar extrañeza en el discípulo y sacarlo de sus estructuras mentales habituales. Uno de los dichos zen que más me gusta es aquel que dice que “El dedo que apunta a la luna no es la luna”, las palabras no son las cosas, ni las descripciones los hechos. Aun así, vamos a intentarlo…

Se puede decir que el zen es una vía hacia el descubrimiento de la verdadera naturaleza iluminada que hay en toda persona, y que se encuentra aletargada. Con los métodos zen se intenta despertar esta naturaleza “búdica”. Además de esto, el zen es una actitud de vida, una filosofía para poner en práctica en cada momento, trayendo la consciencia a nuestra vida diaria.

El zen parte de que la naturaleza real que se esconde en toda persona, se ve oculta por la mente y sus procesos pensantes. No es posible  llegar al Satori o iluminación mediante la razón o las disquisiciones intelectuales, sino que se llega a través de la calma mental, la meditación y la intuición. “Si quieres obtener la comprensión profunda de la brisa de aire, no piensas en la brisa de aire, te expones a ella”.

La esencia del zen se puede resumir en la siguiente historia: Un hombre va caminando por el campo y de repente se da cuenta de que le sigue un león. Comienza a correr hasta que se encuentra en una escarpada montaña. Empieza a subir por ella escalando y entonces se percata de que arriba hay otro león esperándole. O sea, un león abajo y otro león arriba. ¿Qué hacer? De pronto ve que de la pared de la montaña pende una ramita y en ella ha brotado una bonita fresa silvestre. Entonces coge la fresa silvestre y la introduce en la boca, saboreándola con toda voluptuosidad.

La historia demuestra la importancia que le da el zen a vivir en el aquí y ahora, a saborear el momento presente sin preocuparse por el león del pasado o el león del futuro. Sin duda es una gran enseñanza que podemos llevar a cabo en nuestro día a día, pero realmente no es tan fácil. ¿Qué nos lo impide?, nuestra mente con sus grilletes, sus prejuicios, sus miedos, su ofuscación. El zen por tanto trata de ganar otro tipo de mente para el individuo. Una mente “liberada”, aquella que no se deja atrapar y condicionar por los pensamientos. Aquella que permanece inalterada independientemente de las circunstancias externas.

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El secreto está en no añadir sufrimiento al sufrimiento y en no perderse en expectativas inciertas de futuro. Todo conflicto empieza en la mente y en ella tenemos a menudo a nuestro peor enemigo. Por todo ello el zen invita a vivir con la mente atenta, con naturalidad y flexibilidad, encontrando los puntos de menor resistencia y fluyendo con la vida. Este concepto de dejarse llevar se ilustra con el siguiente ejemplo: cuando se desencadena un huracán, el lirio se pliega sobre el suelo, y una vez que este ha cesado se incorpora en todo su esplendor. En cambio el árbol más engañosamente resistente, se quiebra. La vida es flexibilidad, la muerte es rigidez.

El zen nos invita a buscar dentro de nosotros esa naturaleza iluminada y a liberar la mente de pre-ocupaciones, engaños, ideas y palabras. A hallar nuestra libertad  interior en este momento. “Estás donde tienes que estar. Sigue el curso de tu río vital. No te ligues interiormente. Ya estás donde tienes que estar. De ningún sitio vienes y a ningún sitio vas. Estate”.

Cuando la mente está saturada de pensamientos inútiles, no deja aflorar la verdadera naturaleza que yace por debajo. Debemos pues vaciar la mente para permitirnos experimentar la realidad directamente, tal como es, sin pasar por el filtro de nuestros pensamientos. Por ello en el zen se dice que vale más un minuto de meditación que años de disquisiciones metafísicas. Por ello el zen propone una actitud para la vida de cada día basada en la atención, la fluidez mental, el sosiego. Tenemos que adquirir la capacidad de vivir cada momento como si fuera el primero y el último.   Image                                 

En el libro “El milagro de vivir despierto” del monje vietnamita Thich Nhat Hanh, el autor dice que si estamos lavando los platos y pensando en la taza de té que nos tomaremos luego, cuando estemos posteriormente tomándonos la taza de té, tampoco estaremos en ese instante. Por eso propone “lavar los platos para lavar los platos” y no “lavar los platos por lavar los platos”. En el primer caso se está en lo que se hace, y se hace conscientemente, meditativamente sintiendo cada instante, y en el segundo no se está conectado con la realidad del momento, sino que la mente está vagabundeando sin cesar alejándonos del momento presente.

El discípulo le preguntó al maestro:

–          ¿Cómo haces tú para estar en el camino verdadero?

–          Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo

–          Eso lo hace todo el mundo-aseveró el discípulo

–          No es cierto- replicó el maestro-. Cuando otras personas comen, piensan en mil cosas, no saborean cada bocado, y cuando duermen, sueñan igualmente con mil cosas.

Incluyamos por tanto el zen en nuestro día a día. Observemos nuestra mente como un observador desapegado y neutral. Cuando veamos que la mente está en otro lugar distinto a lo que estamos haciendo, volvamos al ahora, sintamos nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y estrujemos el momento presente, saquémosle jugo a cada instante. Nuestra vida será más rica, nuestra mente más lúcida y actuaremos desde la conexión con nuestro interior y no desde las mareas de pensamientos sin control.

Por último me gustaría recomendaros un libro que aborda este tema en profundidad. Este libro es un bestseller, y pese a la connotación negativa que tienen las etiquetas de “bestseller” o “autoayuda”, os lo recomiendo porque me parece una joya, inspirador, esclarecedor y muy interesante. El libro es “El poder del ahora” del maestro espiritual Eckhart Tolle. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Para escribir este post me he ayudado también del libro “El zen contado con sencillez” de Ramiro Calle.

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