La naturaleza de la mente según los yoga sutras

Namaste queridos y queridas,                                                                                                     En el post de hoy nos vamos a adentrar en el estudio de la mente, tal como lo hicieron desde hace milenios los yoguis y estudiosos y cuyas conclusiones recopiló Patanjali es su famoso tratado.

Desde hace tiempo, nada más levantarme dedico entre media hora y una hora a llevar a cabo el ritual de la meditación. Mientras degusto un vaso de agua caliente con limón, despliego una manta y una piel de cordero (tal y como se hacía en la antigüedad) y me siento a meditar.

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Cuando empiezas a meditar, conviene recurrir a alguna técnica de concentración que nos ayude a sujetar, aunque sólo sea por unos instantes, al inquieto cachorrillo que es la mente. Al igual que para calmar y asentar un cachorro, es necesario atarlo a un poste, en las técnicas de concentración, “atamos” la mente a un objeto, que puede ser interno como la respiración, o externo como una imagen.                                                                                                                                                     Mis primeras experiencias con la meditación las recuerdo como bastante frustrantes, supongo que lo son para todos. Cada vez que intentaba llevar mi mente a la respiración, tan sólo conseguía mantenerla sujeta durante unos segundos, antes de que se liberase y comenzase a encadenar un pensamiento con otro. Así es. Lo primero que descubrimos cuando intentamos aplicar una técnica de concentración, ¡es que no podemos realizar la técnica en absoluto!. A este descubrimiento tan frustrante, que vivimos como un fracaso o una incapacidad, los yoguis lo denominaron Samvega.                                                                  Cuando experimentamos Samvega, o la incapacidad de concentración de la mente, se nos plantea una primera cuestión: ¿a donde va la mente?, si lo analizas te darás cuenta de que esta va al pasado, al futuro o a nuestras ensoñaciones. La mente encaja tranquilamente en cualquier parte, pero no es capaz de quedarse en el momento presente. Y este es un gran descubrimiento: nos resulta imposible mantener fija la mente en la respiración o sobre cualquier objeto durante más de unos segundos.                                       Al empezar a meditar, tras unos breves instantes, la mente se desliza del objeto y sigue una corriente de asociaciones.Cuando somos conscientes de que la mente corretea de un lado a otro por su cuenta, nos hacemos testigos de esa charla interna.Nos convertimos en testigos silenciosos de la mente charlatana.                                                                                                           El maestro espiritual Eckhart Tolle cuenta una anécdota al respecto. Caminando un día por la calle se encontró con un hombre loco que hablaba sólo, manteniendo una conversación muy intensa consigo mismo. Tolle pensó: “pobre loco, que camina completamente metido en su mundo y hablando para sí”, y de repente como en una epifanía se dio cuenta de que en realidad todos somos como ese hombre, con la diferencia de que la conversación interminable la mantenemos en silencio.

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Cuando llevas un tiempo meditando, descubres que hay un momento que se repite incansable cada vez que te sientas a meditar. Es el momento en que advertimos que la mente se ha deslizado del objeto. El cachorro se ha soltado y corretea de un lado a otro. Así es que de nuevo, traemos la atención al aliento. Aquí es donde surge la pregunta: ¿Quién advirtió que la mente se había desviado?, ¿quién fue el que volvió a traer la mente a la respiración?, ¿que parte de la mente es esta?

La respuesta que nos dan los yoguis es que existe un observador. Hay alguien que lo observa todo. Que observa el torrente de pensamientos, sentimientos y sensaciones. Los yoguis lo han llamado Drashtri , el observador o la atención pura. Y esta atención pura carece de forma, tiempo o situación.

En uno de los Sutras de Patanjali se refiere así al testigo: “Entonces, la atención pura puede residir en su naturaleza”

Dukha: la insatisfacción generalizada

A medida que continuamos con la práctica de la meditación, nos hacemos conscientes de la existencia de una sutil insatisfacción en todo lo que hacemos. Como yoguis y yoguinis, nuestra tarea es examinar de cerca esa insatisfacción. Como hemos visto, la mente es incapaz de reposar en un objeto más que unos segundos. Parece pues que el problema radica en que la mente está profundamente incómoda con el momento presente. No es capaz de estar a gusto en el aquí y el ahora y le declara la guerra al ahora, a la realidad. La consecuencia de esta guerra que libramos constantemente con el ahora, es una sensación generalizada de insatisfacción. A esta insatisfacción, los yoguis la llaman “duhkha” que significa sufrimiento o dolor.

Cuando exploramos el estado mental de duhkha, vemos que su causa es un rechazo a lo que hay aquí y ahora. Esta aversión guía nuestro comportamiento. Perseguimos incansablemente lo agradable y odiamos y rehuimos lo desagradable, para ello intentamos cambiar el mundo exterior si hace falta para que todo nos sea agradable. Los yoguis y buscadores se preguntaron ¿porqué nos resulta tan difícil reposar nuestras mentes en el momento presente?, ¿cuales son las causas de la insatisfacción?, ¿existe cura? Pues bien, después de muchas investigaciones encontraron la respuesta. Las causas de esta infelicidad son unas tendencias muy fuertes que todo ser humano tiene, y que Patanjali denominó Kleshas o aflicciones.                                                                                      En el segundo capítulo de los yoga sutras se describen así las raíces de las aflicciones:

Las causas del sufrimiento (Klesha) son: No ver la realidad como es (la ignorancia o Avidya), el sentimiento del “yo” o del ego que nos hace sentirnos separados del resto, el apego a lo agradable, la aversión a lo desagradable y el aferrarse a la vida.                                                                                      La ignorancia de la realidad es la única y primera causa de nuestra desdicha. Si fuésemos conscientes de la realidad, no necesitaríamos nada más, nos sentiríamos completos, sin separación, sin necesidad por tanto de nada más. El camino del yoga nos lleva a esta realización de la realidad última, donde todo forma parte de una única consciencia. El camino del yoga nos lleva por tanto a la felicidad. El sendero es arduo y requiere disciplina y constancia, pero las pequeñas recompensas que vamos encontrando durante el viaje nos animan a seguir hacia adelante.

Namaste!

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