Dietas Detox y otras cosas de las que no preocuparte…

Leo en el blog de Tener S@lud, que parece haber un interés por las autoridades para desprestigiar e incluso desalentar el consumo de comida ecológica y en general el que nos preocupemos por los alimentos que nos llevamos a la boca. Los médicos, raudos a la hora de etiquetar desequilibrios, no han tardado en ponerle nombre a este supuesto “trastorno” que es el preocuparse en exceso por tu alimentación: la ortorexia.

En el blog dice lo siguiente:

“Esta nueva “patología” se ha colado entre las preocupaciones de las autoridades sanitarias. Así la define ahora mismo el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en su página web:

“Es un trastorno de la conducta alimentaria (…) por comer sano”.
La Comunidad de Madrid, por ejemplo, también se ocupa de ello al hablar sobre los trastornos de la alimentación y, entre otras cosas, asegura:

“Se entiende por ortorexia la obsesión patológica por la comida biológicamente pura. Las personas que padecen esta enfermedad tienen una preocupación excesiva por la comida sana que les lleva a consumir exclusivamente alimentos procedentes de la agricultura ecológica, es decir, que estén libres de componentes transgénicos, sustancias artificiales, pesticidas o herbicidas”.
Lo compara con “otro” trastorno de la alimentación, la anorexia:

“La diferencia entre anorexia y ortorexia es que la primera está relacionada con la cantidad de comida ingerida y la segunda hace referencia a la calidad de los alimentos que se toman”.
Esos individuos “peligrosos” que prestan atención a lo que tienen en el plato, que hacen deporte, que se saltan una comida para compensar los excesos cometidos tras una comilona o que compran productos ecológicos preocupan a nuestros gobernantes, que se sienten obligados a intervenir.

Los medios de comunicación también han tratado el tema, sin faltar en algunos casos el tono alarmista. Europa Press recogió unas declaraciones de un nutricionista, que luego reprodujeron muchísimos medios, donde aseguraba que se trataba de un fenómeno “en aumento” y que quienes lo padecen “tienden a la autodestrucción”. Auguraba también para los afectados el “aislamiento social”. 

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Coincidiendo con este post y al hilo de cómo los medios de comunicación tratan el tema, casualmente el pasado domingo 22 de junio, en el País semanal veo publicado un artículo titulado “Los mitos de las dietas detox”. En el artículo se viene a decir que eso de hacer ayunos, depurar el cuerpo tomando zumos o mediante cualquier otra técnica de depuración y desintoxicación, son poco menos que pamplinas. Que el concepto de depurar “hace aguas, científicamente hablando, por todas partes”. Que para eso el cuerpo ya cuenta con el hígado, los riñones y los pulmones, y que estos órganos por si solos depuran y limpian sin necesidad de ayuda (estupefacción por mi parte!). El remate del artículo es cuando dice que eso de que estamos expuestos a todo tipo de residuos, hormonas y contaminantes “no tiene una base real”, copio literalmente: “Esta es la época de mayor seguridad alimentaria de la historia. Los alimentos se contaminan principalmente de insecticidas y metales pesados, pero no es tan frecuente como se cree. Existen mecanismos para detectarlos y apenas hay alarmas”.

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Vamos, que no hay nada de lo que preocuparse (modo ironía ON), que podemos confiar plenamente en los alimentos que tomamos. La carne no está tratada con antibióticos que pasan a nuestro sistema cuando la comemos, por no hablar de los “alimentos” con los que se crían los animales de granja (ver casos de la gripe aviar o las vacas locas), el pescado no está contaminado de mercurio y otros metales pesados (por eso no se recomienda tomarlo mas de dos veces a la semana) o las verduras no son espolvoreadas con pesticidas y químicos peligrosos para la salud.                                                                                                                             Lo que me parece más diabólico, no es que nos mientan, sino que nos traten como si fuésemos niños, sin juicio ni poder real sobre nuestra alimentación. Nos quieren negar esa capacidad de elegir y decidir cómo queremos cuidarnos. Pretenden que confiemos ciegamente en las autoridades alimentarias y el estado, que sin duda velará por nuestra seguridad. Creo que cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de cuidarnos y salvaguardar nuestra salud. Mantenernos sanos, hacer ejercicio, depurar el cuerpo (intentar intoxicarlo lo menos posible) y recuperar el equilibrio tras un exceso, es responsabilidad nuestra únicamente. Si todos tuviésemos esa actitud, si nos preocupásemos cada día de preparar comidas sanas y equilibradas nos haríamos un gran favor a nosotros mismos y también al resto de la comunidad, ahorrando al estado mucho dinero en gastos médicos. De ahí mi sorpresa ante estas campañas del gobierno por desprestigiar la alimentación sana y negarnos el poder que tenemos para conservar nuestra salud y cuidar nuestro cuerpo y mente.

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