A la publicidad no le gusta que seas feliz :-(

Iba caminando por la calle y entonces lo vi. Era una imagen publicitaria impresa en una furgoneta. La imagen era una mujer mordiendo una deliciosa manzana roja y el texto decía “No te resistas, cae en la tentación”. Ni siquiera se cual era ese producto tan tentador al que se supone que debía rendirme, pero ese eslogan me hizo pensar en los mecanismos de persuasión que usa la publicidad y en como el yoga te puede inmunizar ante esos argumentos de venta. El yoga y la publicidad no se llevan bien… cada uno tiene sus principios e intereses, y estos son opuestos. Yoga es unión, de lo finito con el infinito. Y cuando te sientes completo, ¡no necesitas nada más!
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Sin embargo, a la publicidad le encanta que estés insatisfecho, de hecho, cuanto más infeliz seas, mejor. Más buscarás llenar ese vacío comprando cosas que no necesitas. La publicidad te incita a dejarte llevar, a darte ese capricho, ¡porque tu lo vales!, cuanto menos auto control tengas sobre ti mismo, y sobre tu tarjeta de crédito mucho mejor!
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Todo el sistema, de hecho está pensado para que consumamos.
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Cuando trabajaba en publicidad (sí, conozco al enemigo por dentro), me sentía tan infeliz que al finalizar el día, lo único que me podía hacer olvidar esa infelicidad era comprarme algo, consumir. El caso era hacer algo para compensar el sacrificio que me había supuesto pasar ocho horas en la oficina realizando un trabajo vacío de interés para mi. Y no era yo sola. En la hora de la comida, muchas de mis compañeras aprovechaban para ir de compras y darse esos caprichos tan necesarios. ¡Para algo tiene que valer estar aquí tantas horas!…. Así día tras día, semana tras semana, mes tras mes.
Tenía un buen sueldo, pero no tenía algo más preciado para mí: tiempo.
Tiempo para hacer todas esas cosas que me gustaban y me llenaban de verdad, como leer, aprender un idioma, pintar, pasear, pasar tiempo con amigos, ir a un museo o hacer yoga.
Pero de eso hace ya casi tres años. Finalmente, dejé el trabajo y decidí que a partir de entonces iba a dedicar mi vida a hacer cosas productivas, que significasen algo para mi y para los demás.
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Tulovales
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¡Pues eso!, porque yo lo valgo decidí tener más tiempo, disfrutar de la vida sin prisas y sin las urgencias de la publicidad. Mucha gente me desaconsejó que dejase un trabajo fijo para intentar vivir del yoga. “Es muy difícil, no lo vas a conseguir”, “no seas tonta, ahora tienes un trabajo seguro”… “¿estás loca?, dejar un buen trabajo en plena crisis…”  éstas y otras cosas similares tuve que escuchar de gente que realmente lo decía de corazón, pero mi corazón también me decía que era el momento y que no quería malgastar más mis días en aquel trabajo que no me gustaba. La fuerza para dar ese salto la saqué de mi práctica de yoga. Mi intuición me decía que no había un momento que perder, y cuando sigues a tu corazón, todo sale bien. Siempre tuve muy claro que eso era lo que tenía que hacer.
Y ¡Que casualidad!, tras dejar mi trabajo en publicidad, mi consumo disminuyó, de manera proporcional al aumento de mi satisfacción personal. Ya no compraba tanta ropa, zapatos ni cachivaches tecnológicos. Aunque me encantaba viajar, no tenía (ni tengo) necesidad de salir disparada cada vez que había un puente o llegaba el fin de semana. Ahora cuando viajo lo hago por el placer de conocer sitios nuevos y vivir nuevas experiencias, pero no por escapar de una realidad insoportable.
En definitiva tengo más control sobre mi vida, hago en cada momento lo que me apetece hacer y este control me hace sentir tan bien que no necesito casi nada material. Como dice el dicho: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos desea”.
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Para terminar, unas palabras de la Bhagavad Gita sobre la alegría. En este texto se habla de tres clases de alegría.
  • La primera es la que al principio parece amarga (la que resulta del esfuerzo, la disciplina, el autocontrol, el estudio, la práctica constante, etc..) y al final es dulce como el néctar. 
  • La segunda es la alegría que surge del contacto con los sentidos. Cuando satisfacemos los sentidos, que es dulce al principio y amarga al final. 
  • Y por último, está la alegría que es efecto de Tamas, y es la que surge a partir del sueño, la pereza y la negligencia, que decepciona desde el principio al final.
La publicidad apela a la segunda alegría. La que es dulce como la miel al principio, pero que deja un regusto de amargura al final. Y esa amargura o vacío que sentimos, una vez se ha pasado el subidón de lo nuevo, se ha de volver a saciar con una nueva compra, y luego otra, y luego otra más, y así en un loop infinito.
Conclusión: ves más hacia dentro de ti. Medita. Dedícate tiempo. Explota tus cualidades, aquello en lo que destacas o se te da bien, y si puedes, dedícate a ello. Intenta llenar tus horas y tus días de cosas que te llenen, de cosas y personas que te importen. Aprende cosas nuevas, no te conformes con tu vida si esta no es todo lo buena que podría ser. Busca el equilibrio. Como dice el título de esa película que tanto me gusta: “Come, reza y ama”.

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