Samvega: la fuerza secreta de la desilusión

Uno de mis dichos favoritos reza así: “Unas veces se gana y otras se aprende”. Y es que toda derrota siempre trae consigo un aprendizaje, e incluso el éxito disfrazado de fracaso.

A menudo, es necesario que toquemos fondo para que reaccionemos y hagamos esos cambios que la vida llevaba tiempo pidiéndonos a gritos. Leyendo las biografías de seres evolucionados espiritualmente, se puede ver como sus despertares se produjeron en un momento de desesperación vital, y cómo esa desesperación fue precisamente lo que les impulsó hacia la espiritualidad.
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Deseo
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Esta insatisfacción produce en muchos casos lo que en yoga se conoce como Samvega.
Samvega es un estado en el que la persona se siente desilusionada con el mundo. Las cosas materiales, su trabajo, su entorno, sus rutinas no le llenan. ¿Te suena de algo?. Es el descubrimiento de la futilidad y sinsentido de la vida que vivimos normalmente, y una necesidad urgente de salir de este sinsentido. En muchos casos, a esa sensación de vacío y desilusión, le sigue un impulso muy potente por salir de esa rueda y encontrarle un sentido a la vida.
En el caso del maestro Eckhart Tolle su despertar se produjo a partir de un momento de desesperación, descrito así en su archiconocido libro “El poder del ahora”:
“Hasta los treinta años viví en un estado de ansiedad casi constante, salpicado ocasionalmente por periodos de depresión suicida. Una noche, poco después de cumplir los veintinueve años, me desperté muy temprano con una sensación de pavor absoluto. Me habían asaltado sentimientos similares muchas otras veces, pero esta vez era más intenso que nunca. El silencio de la noche, los vagos contornos de los muebles en la habitación oscura, el ruido distante de un tren que pasaba: todo me parecía tan ajeno, tan hostil y tan totalmente carente de significado que suscitaba en mí un profundo rechazo del mundo. Lo más aborrecible de todo en cualquier caso era mi propia existencia. ¿Para que seguir viviendo con esta carga de desdicha?, ¿para que continuar con esta lucha interminable? Podía sentir un profundo anhelo de aniquilación, de no existir que superaba enormemente mi deseo instintivo de seguir viviendo.
“No puedo seguir viviendo conmigo”. Este era el pensamiento que se repetía en mi mente una y otra vez. Entonces, de repente, me di cuenta de que era un pensamiento muy peculiar. “¿Soy uno o dos?”. Si no puedo vivir conmigo, debe haber dos yoes: el “yo” y el “conmigo” con el que “yo” ya no puedo vivir.”Quizá”, pensé, “sólo uno de los dos es real. Esta curiosa reflexión me dejó tan perplejo que mi mente se paró. Estaba plenamente consciente, pero no tenía más pensamientos. Entonces me sentí absorbido por lo que parecía ser un vórtice de energía…”
 
Tras esta experiencia, vino un estado de paz y dicha ininterrumpida y su despertar espiritual, hasta convertirse en el maestro mundialmente conocido que es hoy en día.
Cuando en nuestra sociedad occidental una persona sufre ese desencanto vital, los tratados de psicología lo catalogan como una depresión o se etiqueta de “crisis de madurez”, pero en realidad, no es más que un “despertar”, un darse cuenta de que la vida que llevamos no nos está llenando y este conocimiento es lo que nos puede impulsar a la búsqueda de algo mejor.
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Estos estados se producen al descubrir que los objetos que tanto hemos anhelado hasta ahora (el dinero, bienes materiales, un trabajo soñado, una persona, etc…) no pueden proporcionar ninguna satisfacción verdadera. Supone el descubrimiento de que todos los objetos están desprovistos de la capacidad de llenarnos, de cubrir ese vacío existencial.
A menudo, este sentimiento despierta un mayor interés por las cosas auténticas. Nos atrae cada vez más al mundo interior. Nos lleva a realizar nuestros talentos, o despierta en nosotros la vocación de explorar nuevos caminos.
Se dice que el estado de samvega es un estado de surgimiento, porque está cargado de posibilidades. Según dicen los textos yógicos, por medio de la práctica del yoga podemos resurgir, saliendo de las trampas e ilusiones de la vida ordinaria, que no producen finalmente sino insatisfacción.
Así es que, ¡buenas noticias! podemos utilizar esa insatisfacción como motor para mejorar nuestra vida y vivirla más plenamente, con mayor significado. Y no es necesario tocar fondo para resurgir de nuestras cenizas. Podemos ser como un ave Fénix desde ya mismo.
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