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Siete libros que no te puedes perder si eres profesor de yoga

Si eres profesor@ de yoga o bien lo practicas y te apetece profundizar en sus remotas raíces, deberías recurrir a sus fuentes.

Una de las prácticas dentro del yoga, es el estudio de las escrituras o textos antiguos. Piensa que todo viene de ahí, y  por suerte tenemos una fuente de conocimientos a la que podemos y debemos volver una y otra vez para no perder el rumbo, no desconectar de lo importante.

En este post, quiero compartir contigo la lectura de siete libros, de los muchos que existen, sobre las bases del yoga. El estudio del yoga es infinito, nunca termina, siempre descubrimos nuevos textos antiguos o modernos, para seguir indagando e impregnándonos de sus enseñanzas, pero como por alguno hay que empezar, esta sería mi selección:

  1. “Claves del yoga” de Danilo Hernández

Este podríamos llamarlo uno de los “obligatorios”. Es un manual donde se recoge todo lo que un profesor , o estudiante de yoga, debe conocer.

En este libro se explican cuales son las diferentes sendas del yoga, que es el tantra, cual es la estructura del ser humano y sus diferentes cuerpos, los chakras, las asanas, la respiración, la relajación, la meditación, etc…  Este es un libro que consulto a menudo para preparar mis talleres y mis clases, siempre termino volviendo a él.

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2. “Luz sobre el yoga” de Iyengar.

Este es el libro que llevó por primera vez el yoga al gran público occidental, y se ha convertido en un clásico. Es una guía esencial para cualquier persona interesada en el yoga, independientemente de su nivel.

En él, puedes encontrar una introducción a la filosofía que sostiene desde hace miles de año esta práctica, descripciones muy detalladas de más de 200 posturas, acompañadas por fotografías del maestro Iyengar o ejercicios de pranayama para aquietar la mente. Es un libro de consulta práctico y muy didáctico. Otro de los libros que tengo siempre a mano para consultar o buscar inspiración para mis clases 😉

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3. “Bhagavad Gita”

En sánscrito “El canto del señor”, lo que te da idea de su carácter místico y devocional. Está considerada como la obra clásica más importante de las escrituras hindúes. Se escribió en torno al 600 A.C, y se compone de 700 versos que condensan las principales filosofías y doctrinas de los vedas. Son una síntesis de devoción y sabiduría.

El canto o Gita, forma parte de una epopeya hindú extensísima, el Mahabharata, y representa el diálogo entre el guerrero Arjuna y Krishna, donde se desgranan los conocimientos sobre lo divino. En este texto se exponen las tres sendas de realización humana, la de las obras (karma yoga), con la renuncia a los resultados de la acción como enseñanza principal, la de la devoción (bhakti yoga), y la de la sabiduría (jñana yoga).

Encontrarás muchas ediciones distintas de la Gita, todas ellas comentadas por distintos autores. La versión que yo conozco y la que he leído es la de Consuelo Martín.

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4. “Los yoga sutras de Patánjali”

Los Yoga sutras son 196 aforismos divididos en cuatro capítulos.  De carácter eminentemente práctico, cubren todos los aspectos de la vida. Para mi son un manual de vida, un libro para tener siempre a la vista, en tu mesilla de noche, e indagar una y otra vez en su conocimiento maravilloso.

Comienza con un código de conducta y finaliza con un estudio de la meditación, llevando la mente hacia un estado de armonía y equilibrio. El estudio que hace de la mente es simplemente brillante.

Los yoga sutras de Patanjali son textos reconocidos por todas las escuelas de yoga, y son la fuente de todas las obras posteriores, como por ejemplo, la siguiente recomendación, el Hatha Yoga Pradipika.

5. Hatha yoga Pradipika

“La pequeña luz del yoga” es un importante tratado sobre hatha yoga escrito por Svatmarama, probablemente en el siglo XV. También se le conoce como caturanga yoga, o el yoga de los cuatro pasos: asanas, pranayamas, mudras y samadhi.

Esta obra intenta aunar las disciplinas físicas, con las prácticas espirituales más elevadas del Raja yoga. Es un libro bastante técnico, no apto para todos los paladares, aviso…

Se describen hasta dieciséis āsanas, muchas de ellas variaciones de la postura sentada con las piernas cruzadas. Para quienes padecen de desórdenes en los humores corporales (doṣas) se prescriben unas técnicas de purificación, que se deben practicar antes que las técnicas de control de la respiración. Se explican detenidamente técnicas de realización de distintos mudras, que incluyen los tres bloqueos o bhandas.

El texto también contiene descripción sobre las técnicas tántricas vajrolīmudrā, sahajolīmudrā y amarolīmudrā. Un característica importante en la enseñanza de Svātmārāma es el “culto a través del sonido” (nādaupāsana), por medio del cual se alcanza la condición de “disolución” mental.

 

6.  “La sabiduría del yoga” de stephen Cope.

En este inspirador libro, Stephen Cope nos muestra las enseñanzas de los yoga sutras, a través del día a día de un grupo de amigos, estudiantes de yoga. Estos se ven enfrentados a muchas vicisitudes de la vida moderna, problemas familiares, altibajos y dudas sobre sus carreras profesionales, problemas de pareja, etc…

A través de estas historias Cope nos descubre como los yoga sutras son herramientas muy actuales y útiles que podemos emplear en nuestras vidas. Un método psicológico atemporal para aprender a vivir.

Para mí, este es un libro esencial. Disfruté mucho de su lectura y me hizo profundizar  en algunos de los conceptos principales contenidos en la filosofía de los sutras. Otro de los obligatorios.

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y para terminar, os voy a recomendar un libro muy útil para aquellos que se planteen vivir de la enseñanza del yoga. En él se exponen ideas prácticas que ninguna formación de yoga enseña hasta la fecha, ¿cómo comenzar a dar clases de yoga?, ¿cómo darme a conocer?, ¿cómo puedo usar las redes para crear una marca personal?,  ¿podré vivir de dar clases?… todas estas cuestiones y muchas otras, las  verás respondidas en:

7. “The art and business of teaching yoga” de Amy Politi y Taro Smith

Este librito te da trucos e ideas valiosas sobre como construir tu base sólida de alumnos, cómo planificar clases dinámicas e interesantes, cómo optimizar tu propia práctica, como alcanzar la tan deseada estabilidad económica, como hacer tu plan de márketing o como usar las redes sociales.

En definitiva, te da herramientas para llevar a cabo tu trabajo, crear tu propia marca personal que inspire a otros a embarcarse en esta aventura de vida que es el yoga.

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Y hasta aquí las recomendaciones por hoy. ¿Conoces otros libros que te hayan marcado o ayudado?, ¿añadirías otros libros (seguro que sí) a esta lista?, Si es así, compártelo en los comentarios, para que otras personas se puedan beneficiar y podamos seguir aprendiendo todos juntos.

Gracias por leerme,

Namasté.

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El sentido original de todo esto…

A menudo cuando me preguntan cual es mi profesión, al decir que soy profesora de yoga, suelo escuchar cosas como: “Que bien,… yo es que tengo muy poca flexibilidad”. No sabes lo corriente que es esta respuesta.

Con todos los beneficios que nos ofrece el yoga, con todo su poder transformador, la elasticidad sin embargo, es el primer beneficio que la gente asocia con el yoga. Seguramente, los principales culpables de esto, seamos los propios profesores. Cuando subimos fotos a las redes sociales realizando las posturas más llamativas y exigentes, haciendo alarde de una elasticidad circense, estamos alimentando esa imagen… pero lo cierto es que si nos volvemos a los orígenes del yoga, no encontraremos apenas menciones al cuerpo.

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Lo más curioso, es que si te adentras en los textos tradicionales del yoga, como el Hatha yoga Pradipika, la Bhagavad Gita o los yoga sutras de Patanjali, no encontrarás una sola palabra sobre estiramientos y de hecho, tampoco sobre posturas de yoga. ¿No te parece curioso? Por ejemplo, en los yoga sutras de Patanjali, sólo hace referencia a la postura en unas pocas ocasiones:
Sutra 2.46 Sthira sukham asanam
 
La postura ha de ser firme y placentera

Cada vez que realizamos un asana, el cuerpo debe estar tan estable que nos permita ir más allá del mismo, la estabilidad del cuerpo nos lleva a la estabilidad de la mente.

Sutra 2.47 Prayatna saithilya ananta samapattibhyam

Si se reprime la natural tendencia a la inquietud y se medita en lo infinito, se logra la postura firme y placentera.

Sutra 2.48 Tatah dvanda anabhighata

Lograda la postura, no obstruirán las cualidades, es decir, ya no molestarán las dualidades, el bien y el mal, el calor y el frío y demás pares de opuestos.

En el siguiente sutra, hace referencia a la respiración: “entonces se pueden dominar los movimientos de exhalación e inhalación”. Cuando se ha logrado la postura, es posible dominar e interrumpir a voluntad los movimientos de prana. Entonces obtiene el hombre la facultad de pranayama o dominio de las fuerzas vitales del cuerpo”.

El resto de los sutras se refieren al control de la mente, la actividad mental, como conseguir el conocimiento de la realidad sin velos, etc..

Como ves, es una manera muy distinta de entender el yoga y emprender su práctica. Cuando haces tu práctica, ¿te sientes estable y cómoda en cada una de tus asanas?, cuando estás en un asana, ¿tu mente está meditando en lo infinito, en el momento presente, o quizá estás recordando lo que tienes que hacer después..?, ¿en que piensas mientras practicas yoga?, ¿cual es tu objetivo final?, ¿practicas yoga para tener un cuerpo más fuerte y flexible o lo haces para mejorar cada aspecto de tu vida?

Creo que es importante, que como estudiantes de yoga nos planteemos y respondamos estas preguntas, y que tratemos de integrar las enseñanzas tradicionales, para no olvidar el sentido original de todo esto.

Namaste!

El poder de las palabras

Estos días reflexionaba sobre el poder que tienen las palabras en quien las dice, pero sobre todo en quién las recibe. Una de las historias más emocionantes que he escuchado sobre el poder de las palabras, la protagonizó Thomas Alva Edison, el prolífico inventor estadounidense, el cual llegó a patentar más de mil inventos.
Edison era el menor de cuatro hermanos y su familia era más bien de origen humilde. Un día, al volver de la escuela, el joven Thomas entregó un sobre a su madre. Al preguntarle esta, que de qué se trataba, el pequeño temiendo haber hecho algo malo, le dijo que no sabía, que el maestro le había pedido que se lo entregase.
La madre, abrió el sobre y leyó el contenido de la carta. Ante la pregunta de su hijo sobre el contenido de la misma, ésta le contestó: “Mira Thomas, tu profesor me dice que eres un genio. Eres tan listo, que ellos ya no pueden enseñarte nada, y que tienes que ir a un colegio especial para niños muy inteligentes o bien, que te enseñe yo en casa.”
Su madre, Nancy Elliot, que había ejercido como maestra antes de casarse, asumió en lo sucesivo la educación del niño, tratando de inspirar en él curiosidad por todas las cosas.
Pasaron los años y el niño se transformó en adulto y en un inventor de éxito. La madre falleció, y un día, recogiendo cosas de la antigua casa familiar, Thomas Alva Edison se encontró con un sobre amarillento. En el remite aparecía escrito el nombre de su antiguo profesor. Con cariño y curiosidad sacó la carta que se encontraba en su interior y leyó:
“Estimada señora Elliot, su hijo Thomas, presenta un gran retraso con respecto a los demás alumnos, además de una falta absoluta de interés. Nosotros no podemos enseñarle nada a su hijo, por lo que le recomendamos le lleve a un colegio especial para niños con dificultades de aprendizaje, o se ocupe usted misma de su educación”….

Este es el poder inmenso de las palabras que recibimos. Si los demás nos dicen que podemos hacerlo, que somos valientes, que somos grandes, que somos buenos en lo que hacemos, sin duda lo seremos. Al contrario ocurre exactamente igual.

Ya en tiempo de Patanjali, los antiguos yogis fueron conscientes de este poder. En sus yogasutras, Patanjali, dice en el noveno sutra :

“La ilusión o engaño verbal está causado por la identificación con las palabras, que no tienen fundamento en la realidad”.

Mucha gente sufre a lo largo de su vida a causa del engaño verbal. Este engaño suele comenzar en la infancia, cuando nuestros padres o nuestros profesores nos dicen cosas que no son verdad como: “Tú eres tonto”, o “eres un inútil”. Todos estos son engaños verbales. Cuando escuchamos estas palabras, quedan impresas profundamente en nuestra psique y nos condicionarán toda la vida, haciéndonos creer cosas que nada tienen que ver con la realidad.

Como dice el sutra, este engaño está causado porque nos identificamos con las palabras, aunque no tengan nada que ver con la realidad. De hecho, te llegas a creer que eres tonto o inútil y esta creencia condiciona toda tu vida. Cuando alguien te insulte,o te catalogue diciéndote como eres, en vez de reaccionar, piensa que eso no es lo que tu eres, sino una imagen mental del otro. Para esa persona puede que seas “tonto”, “inútil”, “malvado”, “egoista” o un santo, (pon el adjetivo que prefieras), pero eso no es más que un engaño verbal.

No aceptes todo lo que te diga la gente. Piensa y medita en el engaño verbal, de otra manera esta modificación mental dolorosa puede traerte mucha infelicidad. Tu felicidad no debería depender de las palabras de los demás. El Raja Yoga nos hace darnos cuenta de que la mayoría de las preocupaciones tienen su origen en los pensamientos, en las modificaciones de la mente o “vrittis” y que el engaño verbal es una modificación mental más.

¿Alguna vez te has sentido condicionad@ por las palabras de un maestro, un familiar o alguien cercano?, ¿te has creído a pies juntillas lo que te decían y eso te ha influido para bien o para mal? Me encantará conocer tu opinión sobre el tema. Si te apetece compartir deja un comentario.

Namaste!

Samvega: la fuerza secreta de la desilusión

Uno de mis dichos favoritos reza así: “Unas veces se gana y otras se aprende”. Y es que toda derrota siempre trae consigo un aprendizaje, e incluso el éxito disfrazado de fracaso.

A menudo, es necesario que toquemos fondo para que reaccionemos y hagamos esos cambios que la vida llevaba tiempo pidiéndonos a gritos. Leyendo las biografías de seres evolucionados espiritualmente, se puede ver como sus despertares se produjeron en un momento de desesperación vital, y cómo esa desesperación fue precisamente lo que les impulsó hacia la espiritualidad.
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Esta insatisfacción produce en muchos casos lo que en yoga se conoce como Samvega.
Samvega es un estado en el que la persona se siente desilusionada con el mundo. Las cosas materiales, su trabajo, su entorno, sus rutinas no le llenan. ¿Te suena de algo?. Es el descubrimiento de la futilidad y sinsentido de la vida que vivimos normalmente, y una necesidad urgente de salir de este sinsentido. En muchos casos, a esa sensación de vacío y desilusión, le sigue un impulso muy potente por salir de esa rueda y encontrarle un sentido a la vida.
En el caso del maestro Eckhart Tolle su despertar se produjo a partir de un momento de desesperación, descrito así en su archiconocido libro “El poder del ahora”:
“Hasta los treinta años viví en un estado de ansiedad casi constante, salpicado ocasionalmente por periodos de depresión suicida. Una noche, poco después de cumplir los veintinueve años, me desperté muy temprano con una sensación de pavor absoluto. Me habían asaltado sentimientos similares muchas otras veces, pero esta vez era más intenso que nunca. El silencio de la noche, los vagos contornos de los muebles en la habitación oscura, el ruido distante de un tren que pasaba: todo me parecía tan ajeno, tan hostil y tan totalmente carente de significado que suscitaba en mí un profundo rechazo del mundo. Lo más aborrecible de todo en cualquier caso era mi propia existencia. ¿Para que seguir viviendo con esta carga de desdicha?, ¿para que continuar con esta lucha interminable? Podía sentir un profundo anhelo de aniquilación, de no existir que superaba enormemente mi deseo instintivo de seguir viviendo.
“No puedo seguir viviendo conmigo”. Este era el pensamiento que se repetía en mi mente una y otra vez. Entonces, de repente, me di cuenta de que era un pensamiento muy peculiar. “¿Soy uno o dos?”. Si no puedo vivir conmigo, debe haber dos yoes: el “yo” y el “conmigo” con el que “yo” ya no puedo vivir.”Quizá”, pensé, “sólo uno de los dos es real. Esta curiosa reflexión me dejó tan perplejo que mi mente se paró. Estaba plenamente consciente, pero no tenía más pensamientos. Entonces me sentí absorbido por lo que parecía ser un vórtice de energía…”
 
Tras esta experiencia, vino un estado de paz y dicha ininterrumpida y su despertar espiritual, hasta convertirse en el maestro mundialmente conocido que es hoy en día.
Cuando en nuestra sociedad occidental una persona sufre ese desencanto vital, los tratados de psicología lo catalogan como una depresión o se etiqueta de “crisis de madurez”, pero en realidad, no es más que un “despertar”, un darse cuenta de que la vida que llevamos no nos está llenando y este conocimiento es lo que nos puede impulsar a la búsqueda de algo mejor.
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Estos estados se producen al descubrir que los objetos que tanto hemos anhelado hasta ahora (el dinero, bienes materiales, un trabajo soñado, una persona, etc…) no pueden proporcionar ninguna satisfacción verdadera. Supone el descubrimiento de que todos los objetos están desprovistos de la capacidad de llenarnos, de cubrir ese vacío existencial.
A menudo, este sentimiento despierta un mayor interés por las cosas auténticas. Nos atrae cada vez más al mundo interior. Nos lleva a realizar nuestros talentos, o despierta en nosotros la vocación de explorar nuevos caminos.
Se dice que el estado de samvega es un estado de surgimiento, porque está cargado de posibilidades. Según dicen los textos yógicos, por medio de la práctica del yoga podemos resurgir, saliendo de las trampas e ilusiones de la vida ordinaria, que no producen finalmente sino insatisfacción.
Así es que, ¡buenas noticias! podemos utilizar esa insatisfacción como motor para mejorar nuestra vida y vivirla más plenamente, con mayor significado. Y no es necesario tocar fondo para resurgir de nuestras cenizas. Podemos ser como un ave Fénix desde ya mismo.
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La naturaleza de la mente según los yoga sutras

Namaste queridos y queridas,                                                                                                     En el post de hoy nos vamos a adentrar en el estudio de la mente, tal como lo hicieron desde hace milenios los yoguis y estudiosos y cuyas conclusiones recopiló Patanjali es su famoso tratado.

Desde hace tiempo, nada más levantarme dedico entre media hora y una hora a llevar a cabo el ritual de la meditación. Mientras degusto un vaso de agua caliente con limón, despliego una manta y una piel de cordero (tal y como se hacía en la antigüedad) y me siento a meditar.

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Cuando empiezas a meditar, conviene recurrir a alguna técnica de concentración que nos ayude a sujetar, aunque sólo sea por unos instantes, al inquieto cachorrillo que es la mente. Al igual que para calmar y asentar un cachorro, es necesario atarlo a un poste, en las técnicas de concentración, “atamos” la mente a un objeto, que puede ser interno como la respiración, o externo como una imagen.                                                                                                                                                     Mis primeras experiencias con la meditación las recuerdo como bastante frustrantes, supongo que lo son para todos. Cada vez que intentaba llevar mi mente a la respiración, tan sólo conseguía mantenerla sujeta durante unos segundos, antes de que se liberase y comenzase a encadenar un pensamiento con otro. Así es. Lo primero que descubrimos cuando intentamos aplicar una técnica de concentración, ¡es que no podemos realizar la técnica en absoluto!. A este descubrimiento tan frustrante, que vivimos como un fracaso o una incapacidad, los yoguis lo denominaron Samvega.                                                                  Cuando experimentamos Samvega, o la incapacidad de concentración de la mente, se nos plantea una primera cuestión: ¿a donde va la mente?, si lo analizas te darás cuenta de que esta va al pasado, al futuro o a nuestras ensoñaciones. La mente encaja tranquilamente en cualquier parte, pero no es capaz de quedarse en el momento presente. Y este es un gran descubrimiento: nos resulta imposible mantener fija la mente en la respiración o sobre cualquier objeto durante más de unos segundos.                                       Al empezar a meditar, tras unos breves instantes, la mente se desliza del objeto y sigue una corriente de asociaciones.Cuando somos conscientes de que la mente corretea de un lado a otro por su cuenta, nos hacemos testigos de esa charla interna.Nos convertimos en testigos silenciosos de la mente charlatana.                                                                                                           El maestro espiritual Eckhart Tolle cuenta una anécdota al respecto. Caminando un día por la calle se encontró con un hombre loco que hablaba sólo, manteniendo una conversación muy intensa consigo mismo. Tolle pensó: “pobre loco, que camina completamente metido en su mundo y hablando para sí”, y de repente como en una epifanía se dio cuenta de que en realidad todos somos como ese hombre, con la diferencia de que la conversación interminable la mantenemos en silencio.

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Cuando llevas un tiempo meditando, descubres que hay un momento que se repite incansable cada vez que te sientas a meditar. Es el momento en que advertimos que la mente se ha deslizado del objeto. El cachorro se ha soltado y corretea de un lado a otro. Así es que de nuevo, traemos la atención al aliento. Aquí es donde surge la pregunta: ¿Quién advirtió que la mente se había desviado?, ¿quién fue el que volvió a traer la mente a la respiración?, ¿que parte de la mente es esta?

La respuesta que nos dan los yoguis es que existe un observador. Hay alguien que lo observa todo. Que observa el torrente de pensamientos, sentimientos y sensaciones. Los yoguis lo han llamado Drashtri , el observador o la atención pura. Y esta atención pura carece de forma, tiempo o situación.

En uno de los Sutras de Patanjali se refiere así al testigo: “Entonces, la atención pura puede residir en su naturaleza”

Dukha: la insatisfacción generalizada

A medida que continuamos con la práctica de la meditación, nos hacemos conscientes de la existencia de una sutil insatisfacción en todo lo que hacemos. Como yoguis y yoguinis, nuestra tarea es examinar de cerca esa insatisfacción. Como hemos visto, la mente es incapaz de reposar en un objeto más que unos segundos. Parece pues que el problema radica en que la mente está profundamente incómoda con el momento presente. No es capaz de estar a gusto en el aquí y el ahora y le declara la guerra al ahora, a la realidad. La consecuencia de esta guerra que libramos constantemente con el ahora, es una sensación generalizada de insatisfacción. A esta insatisfacción, los yoguis la llaman “duhkha” que significa sufrimiento o dolor.

Cuando exploramos el estado mental de duhkha, vemos que su causa es un rechazo a lo que hay aquí y ahora. Esta aversión guía nuestro comportamiento. Perseguimos incansablemente lo agradable y odiamos y rehuimos lo desagradable, para ello intentamos cambiar el mundo exterior si hace falta para que todo nos sea agradable. Los yoguis y buscadores se preguntaron ¿porqué nos resulta tan difícil reposar nuestras mentes en el momento presente?, ¿cuales son las causas de la insatisfacción?, ¿existe cura? Pues bien, después de muchas investigaciones encontraron la respuesta. Las causas de esta infelicidad son unas tendencias muy fuertes que todo ser humano tiene, y que Patanjali denominó Kleshas o aflicciones.                                                                                      En el segundo capítulo de los yoga sutras se describen así las raíces de las aflicciones:

Las causas del sufrimiento (Klesha) son: No ver la realidad como es (la ignorancia o Avidya), el sentimiento del “yo” o del ego que nos hace sentirnos separados del resto, el apego a lo agradable, la aversión a lo desagradable y el aferrarse a la vida.                                                                                      La ignorancia de la realidad es la única y primera causa de nuestra desdicha. Si fuésemos conscientes de la realidad, no necesitaríamos nada más, nos sentiríamos completos, sin separación, sin necesidad por tanto de nada más. El camino del yoga nos lleva a esta realización de la realidad última, donde todo forma parte de una única consciencia. El camino del yoga nos lleva por tanto a la felicidad. El sendero es arduo y requiere disciplina y constancia, pero las pequeñas recompensas que vamos encontrando durante el viaje nos animan a seguir hacia adelante.

Namaste!

La calma es la mayor manifestación de poder

Hoy me gustaría compartir con vosotros un extracto de uno de los sutras de Patánjali. En el capítulo primero, se habla sobre la mente, la concentración y sus aplicaciones espirituales. Uno de los objetivos del yoga es alcanzar la tan deseada calma mental. Sobre este tema se habla en el segundo sutra:  “yoga es impedir que la materia mental (Chitta) tome diversas formas (Vrittis)”

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La mente puede hallarse en tres estados que se encuentran en la naturaleza: Rajas, Tamas y Sattva. 

Rajas es el estado activo de la mente. Es típico de las personas que buscan realizar acciones, conseguir poder y gozar de las experiencias mundanas.

Tamas equivale a la oscuridad, el embotamiento y la ignorancia, y es peculiar de las personas brutales y necias, que a menudo actúan egoistamente dañando a los demás.

Sattva es el estado de serenidad y calma, cuando las aguas del lago de la mente están en calma, porque cesó el oleaje de la mente. Este es el estado que se persigue  con la práctica del yoga y la meditación. En este estado, la mente no está inactiva, sino al contrario plenamente activa y despierta. Como se dice en los yogasutras “la calma es la mayor manifestación de poder”. Es muy fácil estar activo mentalmente, de hecho la naturaleza de la mente nos lleva a la actividad. Si aflojamos las riendas, los caballos se desbocan. Cualquiera puede hacer esto. Pero sólo es fuerte el que es capaz de detener a estos caballos desbocados. ¿Que requiere mayor fuerza, aflojar las riendas o retenerlas?. El hombre tranquilo no es un hombre lerdo. No hay que confundir la calma (Sattva) con la estupidez. El hombre tranquilo es el que domina las oleadas de su mente. La actividad es la inferior manifestación de la fuerza. La calma es su manifestación superior.

La materia de la mente (Chitta) tiende a volver a su estado original puro, pero los órganos de los sentidos la excitan hacia afuera. Restringirla y contrarrestar esta propensión al exterior, y traerla de vuelta a la esencia, es el primer paso en el sendero del Yoga. 

Practiquemos pues la calma de la mente, por medio de la meditación y la práctica del yoga.

Namasté!

Ahimsa o la no violencia

Queridos yogis y yoguinis,                                                                                                        Esta semana vamos a trabajar con el concepto de “Ahimsa” o No violencia.

Según un texto muy antiguo, llamado Yogatattva Upanishad, existen cuatro tipos de yoga: Mantra yoga, Laya yoga, Hathayoga y Rajayoga, el último es la forma más elevada de yoga (se podría traducir como “yoga real”). Dos siglos después de Cristo aproximadamente, hubo un sabio yogi llamadoPatánjali  que recopiló los conocimientos de yoga que existían hasta ese momento, fundando el texto base del Raja yoga. El texto se llamó “Los yoga Sutras de Patanjali”.                                  

ImageDentro de sus yoga sutras, Patanjali describió el Asthanga yoga (no confundir con el estilo de yoga del mismo nombre pero más actual). “Astha” significa ocho y “Anga” miembro o extremidad, por lo que podríamos traducirlo como los ocho miembros del yoga. En realidad son ocho peldaños de una escalera que hay que ir ascendiendo progresivamente para llegar a obtener el samadhi o iluminación. Estos serían los 8 pasos a seguir para convertirse en un yogi y alcanzar el nirvana.                                                                                                            

A lo largo de estas semanas vamos a ir analizando cada uno de estos ocho pasos, los cuales no sólo nos van a servir para ser mejores yogis, sino también para aplicar a nuestra vida diaria y ser más felices. El primero de los peldaños se denomina Yamas. Este primer paso incluye cinco preceptos o guías de comportamiento social. Es decir, cómo nos relacionamos con el mundo exterior y con el resto de seres vivos.                                                                       

El primer precepto a seguir dentro de yamas es precisamente la no violencia.        

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Todos tenemos muy claro que no deberíamos aplicar la violencia hacia ningún ser vivo, pero pocas veces lo vemos referido a nosotros mismos. ¿Cuidas de tu cuerpo como se merece o lo agredes innecesariamente a menudo?, ¿descansas lo suficiente?, ¿alimentas tu cuerpo con alimentos frescos y saludables? O más bien ¿atiborras tu cuerpo con alcohol, café y otras sustancias dañinas?, si es así, de alguna manera estás siendo violento con tu cuerpo. ¿Te culpas a menudo por tus errores y te autocastigas sin compasión?, en ese caso, esta sería otra forma de violencia contra ti mismo. En las clases de yoga o bien en la práctica de cualquier deporte, ¿llevas tu cuerpo al límite y no escuchas lo que te dicen tus articulaciones o tus músculos?, Como veis, aunque no nos demos cuenta, a menudo ejercemos violencia en mayor o menor grado contra nosotros mismos.                                                                                                                                                                    

Queda claro pues que el concepto de Ahimsa o no violencia se puede llevar a todos los ámbitos de nuestra vida, y es importante ser conscientes en todo momento de nuestras necesidades, para no sobrepasar la capacidad del cuerpo y cuidarlo.                                              

Esta semana pues, cuando realicemos cualquier asana, vamos a ser muy conscientes de nuestro cuerpo, vamos a escuchar sus respuestas y no sobrepasar nuestros límites. Intentemos ser pacientes con esas posturas que no estamos preparados aún para hacer, y vamos a darle al cuerpo y a la mente la oportunidad de ir poco a poco, avanzando conscientemente y con amor hacia nuestro cuerpo, mente y espíritu. Namaste!